Vaciar una vivienda entera no es lo mismo que tirar cuatro muebles. Hay que decidir qué se queda, desmontar armarios y camas, bajar cajas y más cajas, separar lo que va a cada sitio y dejar el piso en condiciones para lo que venga después: venderlo, alquilarlo, reformarlo o devolver las llaves. Nosotros nos encargamos de todo ese trabajo, desde la primera habitación hasta el último cajón.
Lo hacemos para particulares y familias que heredan un piso, que acompañan a un padre o una madre en su paso a una residencia o que tienen que despedirse de la casa de alguien que ha fallecido. También para propietarios que recuperan su vivienda después de un inquilino o de un desahucio, para inmobiliarias y administradores que necesitan un inmueble listo para enseñar, y para reformistas que quieren las habitaciones libres antes de la obra. Vaciamos pisos, áticos, casas de pueblo y chalets, con su trastero, su garaje y su jardín cuando forman parte de la vivienda.
El trabajo incluye desmontar el mobiliario, proteger lo que haga falta en la escalera, bajar y cargar todo, y separar muebles, enseres, ropa, papel, electrodomésticos y metal para que cada cosa termine en una planta o un gestor de residuos autorizado, como exige la normativa. Lo que quieras guardar, donar o repartir entre la familia lo dejamos aparte. Al final, la vivienda queda despejada y barrida, sin trastos en armarios, balcones ni galerías.